Llegó el momento en que había que
asistir a la fiesta y nuestro tradicionista se dirigió a ella llevando a su
hijo de la mano. Al llegar a la casa donde se realizaría la reunión, le pidió a
Ricardito que se escondiera detrás de una mampara de la antesala diciéndole:
-"Quédate aquí, hijito, y no
te muevas hasta que yo te llame, no tengas miedo que va a ser muy pronto".
El tradicionista hizo un ingreso
apresurado al salón, donde los miembros de la Real Academia de la Lengua y
demás invitados lo esperaban, y los saludo diciendo pausadamente:
-"Muy buenas ténganlas
ustedes, muy señores míos, y que sea En el nombre del Padre.......y del
Espíritu Santo".
Los académicos pensando que le
habían cazado una falla al tradicionista, le replicaron al unísono:
-"Cómo es eso Señor Don
Ricardo, ¿qué ha hecho usted del Hijo?".
Y el gran tradicionista, más
pícaro y vivaz que todos ellos, gritó alegremente:
-"Ricardito, ven hijo,
entra, que te reclaman".
Así que Ricardito sin esperar
otro llamado se puso, de un salto, en medio del salón. A los académicos no les
quedó otra cosa que ponerse a reír al darse cuenta la manera ingeniosa con la
cual nuestro tradicionista les devolvió la broma que pretendieron gastarle con
la esquelita de invitación (en la que excluían a su hijo adrede).
P.D.
Anécdota extraída del libro
"La Lima Criolla de 1900"
de Eudocio Carrera Vergara,
edición corregida y aumentada,
Lima 1954.

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